viernes, 28 de febrero de 2014

La octava maravilla

Ella era de esa categoría excepcional de mujeres que eclipsa a todas las demás, ella era la Yoko Ono capaz de destruir a uno de los mejores grupos de la historia. Ella lucía tacones más altos que el propio Empire State,  tenía una personalidad tan fuerte como los mismos hierros que formaban la Torre Eifell y unas curvas más hermosas que las de la Pedrera de Gaudí. En ocasiones se hundía más rápido que las Torres Gemelas aquel horrible 11 de septiembre, pero si se caía 7 veces,  se levantaba 8. Y, caída tras caída, error tras error, siempre se alzaba con más valor que el Arco del Triunfo de París. Su fe en sí misma era más fuerte que toda la sociedad, el mundo iba a tener que currárselo más si quería verla caer. Había ganado casi tantas batallas como las vistas en el Coliseo, era fiel a sí misma, confiaba en ella. No había persona más cabezota y constante que ella, a su lado la Gran Muralla China era un paseo. Adoraba viajar, tenía un espíritu tan libre que ni la Estatua de la Libertad aspiraba a su nivel. Poseía un corazón más valioso que todos los tesoros encontrados en el Valle de los Reyes y brillaba más que el Faro de Alejandría. Tenía unos gestos tan cálidos como las pirámides de Egipto en cualquier atardecer de verano y su rostro dormido poseía más armonía que el Partenón de Atenas en su máximo esplendor. Sus labios eran más rojos que las cabinas telefónicas londinenses  a plena luz del día, su pelo era más dorado que la cúpula de la Roca de Jerusalén y sus ojos brillaban más que el agua india que reflejaba la imagen del  Taj Mahal.  Su voz era más dulce que cualquier melodía escuchada a lo largo de la historia en la Opera de Sidney y ni el Prado, Louvre, British o Metropolitan poseían una obra de arte como su sonrisa. Sus pensamientos giraban más que el London Eye, la locura era su fuerte, era imposible aburrirse con ella. Cuando nadie le entendía se ponía la música lo más alto posible, creía que la música era lo que más se acercaba a expresar lo inexpresable. Tenía una mente compleja, ni todos los libros de la biblioteca Peabody igualaban su inteligencia, ni La boutique de Chanel de París su estilo. Estaba claro que el hombre que consiguiera enamorarla sería más afortunado que la Fontana di Trevi desbordada por las monedas de los turistas arrojadas en un caluroso día de Agosto.  Andrea Manzanares


(Old summer pics by Enya Kyokai Photography)

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Collar/Necklace: SheInside (click here)
Shorts: Zara
Camiseta/T-shirt: Chanel by Stop&Walk
Tacones/Heels: Zara

15 comentarios:

  1. Qué bonito el texto!! lo has escrito tú Andrea? es precioso:)

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    1. Sí! Lo tenía tiempo reservado y lo he acabado esta noche, muchísimas gracias :)

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  2. Wow!! Pedazo de entrada, me ha gustado mucho con todas las referencias artísticas :)
    y qué preciosa sales en todas las fotos!!! Deja algo para las demás!♥

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  3. Guapísima Andrea! Tus zapatos son preciosos, un besito ♥

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  4. guapisima!! me ha gustado mucho el post :)

    californiamadness.blogspot.com.es

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  5. Me encanta el look!! La camiseta es muy bonita!! Besos

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  6. Me encanta!! Que texto tan increíble. Una vez más, Andrea, FANTÁSTICA!

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  7. estas guapisima, me encanta el maquillaje andrea!!

    un besito!
    Nabia Secret

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  8. Me encanta, en la primera y la tercera foto paraces una modelo totalmente vaya. Enhorabuena por el outfit sencillo pero rompedor y por las fotos. Un saludo!
    www.deeleate.blogspot.com

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Thanks!